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La libertad tiene dueño

16 octubre, 2010

Esta semana escribí un texto que no pensaba publicar. Es un artículo de opinión, y yo he abierto este espacio para reflexionar sobre la práctica periodística. Sin embargo, unos extraños sucesos ocurridos esta semana me han hecho cambiar de idea.

La consecuencia de estos sucesos (pongamos, por ejemplo, una llamada amenazante a mis superiores) fue la desaparición de una noticia de la página web del periódico en el que trabajo. La noticia ha sido ampliamente difundida, por lo que no me preocupa que haya llegado a sus destinatarios legítimos. Lo que me preocupa es que yo no he podido contarla libremente. ¿Qué quería contar yo? Este es el resumen cronológico: un medio afín al actual Gobierno local empieza a publicar artículos comentando ensayos del portavoz del PP , esos artículos defienden una ideología liberal (no a los servicios públicos, la propiedad privada como el derecho fundamental, además de la consabida declaración sobre los comunistas, pura anécdota), el PP aclara que fueron escritos hace diez años pero el portavoz del PP no se retracta de sus opiniones, IU y el PCE anuncian medidas legales, el PSOE pedirá la reprobación del portavoz en el Pleno. Todo eso.

Pero, tras la llamada, yo recibí ciertas órdenes. Ya no tenía sentido hacer esta información, y no la hice. Es decir: la llamada de parte de quien justifica sus textos en que la libertad es el derecho fundamental a defender me ha privado a mí de una de mis libertades más importantes, de la hacer información libremente.

Así que voy a devolverme el derecho que me han quitado escribiendo libremente aquí. Este es el artículo que escribí y no pensaba publicar:

Dejando de un lado la frase estrella del artículo que esta semana ha levantado la polémica esta semana en Leganés, quería comentar algunas cosas del texto de Jesús Gómez, portavoz del PP, que no es más que una defensa de una ideología nada ajena al PP: la propia Esperanza Aguirre ha ondeado esta semana la bandera del Tea Party y su liberalismo de derecha radical: más nación, menos impuestos y menos Gobierno.

Obviamente, se ha sacado de contexto la frase “habría que desposeer a los padres comunistas de la tutela de sus hijos por pertenecer a la secta criminal que la Historia jamás haya visto” y se ha utilizado para ponerle en evidencia. Obviamente, hay un interés por sacarle los colores a pocos meses de las elecciones. Y, es verdad, esto lo escribió hace diez años. Sin embargo, Jesús Gómez no solo no se ha retractado de sus opiniones de entonces, sino que se ha reafirmado en ellas: estaba defendiendo que los padres tienen libertad para educar a sus hijos, asegura. El PP de Leganés insiste en el uso partidista, aclara que Gómez no era ni militante del partido cuando escribió este texto y que ahora “comparte y defiende al ciento por ciento la política educativa del Partido Popular, política cuyo objetivo es garantizar que todos los padres puedan elegir para sus hijos la educación más acorde con sus creencias, ideas y convicciones, tal y como establece la Constitución española”.

Aclarado esto (que se ha utilizado el asunto, que el artículo tiene nada menos que diez añitos y que él no solo no ha matizado su opinión sino que se ha reafirmado en ella), me gustaría llamar la atención sobre otros puntos.

A su declaración más repetida estos días (la de la desposesión de los hijos a comunistas) llega por la siguiente lógica: la educación que promueve el estado es siempre adoctrinamiento. Según Gómez o, mejor dicho, según la teoría liberal, un estado fuerte va a utilizar la educación para adoctrinar a los suyos. Además, al ser obligatoria, dice, deja de ser un derecho. “Algo de lo que se dice que es un derecho no puede ser una obligación al mismo tiempo”, porque para que lo sea “su ejercicio tiene que ser opcional”.

La gratuidad, además, es “una falacia”, pues solo se consigue “privando a otro por fuerza de sus bienes”. De este modo, no hay gratuidad sino una conculcación de los “verdaderos derechos fundamentales”, que para Gómez son “la propiedad” y “la libertad”. Al final de esta segunda parte, el portavoz del PP expresa un temor: “los más ricos acabarán financiando la educación a los más pobres”.

Quizá de esta última afirmación pueda derivarse su extraña explicación de la solidaridad. Su argumento es el siguiente: la solidaridad es un valor que se da cuando existen lazos entre las personas. Esos lazos pueden darse por dos razones: sangre o credo. Por este motivo “en una sociedad secularizada no tiene sentido la apelación humano-solidaria”. Es decir, para Goméz (o para el liberalismo), y así lo dice al principio de la tercera parte, solo tiene sentido el amor al prójimo o la caridad entre cristianos. Según este razonamiento Josep Anglada no es racista, sino liberal, o sea, defensor de la libertad.

No voy a pasar dos detalles: uno, que Jesús Gómez defiende el trabajo infantil cuando dice sobre el establecimiento de una edad mínima para trabajar que “el estado debería abstenerse de fijar límites”. Dos, que parece aplaudir la decisión de la Justicia, que dio la razón a unos padres que se negaron a escolarizar a sus hijos menores y prefirieron educarles en casa y en su mundo católico. Hacían llamar a sus hijos los ‘Niños de Dios’. Esto se entiende a la luz de esta frase: “debería estar fuera de toda duda el derecho de padres y alumnos a no convivir ni compartir experiencia con personas cuyo trato estimen perjudicial para ellos y sus hijos”. Es decir, si un padre considera perjudicial que su hijo hable con un musulmán, un negro, una lesbiana, un enano, una divorciada o un vecino con rastas… ¿Por qué promover lo contrario?

Hay otro punto esclarecedor. En su texto, Jesús Gómez considera el conocimiento una propiedad privada y a los profesores, propietarios de esos conocimientos. Por eso cree que puede aplicarles las leyes del mercado: “Los buenos profesores no son sobreabundantes, sino muy escasos. Son propietarios de sí mismos, y por lo tanto, de sus conocimientos, por lo que los transmiten a quienes ellos quieren a cambio de lo que ellos decidan”. La conclusión es inmediata: “Muchos de ellos, quizá la gran mayoría, decidirán transmitirlos a quienes más dinero les ofrezcan a cambio” porque “quien posee el recurso lo cede a quien él quiere a cambio de lo que él exija. De otro modo, habría que imponer coactivamente los intercambios en detrimento del más sacrosanto de los derechos fundamentales, la libertad” (de nuevo, la libertad se parece sospechosamente a la propiedad privada).

En este punto, me remito a un post anterior en el que defendía que la información no es propiedad de los periodistas, sino un bien público. Los periodistas somos mediadores, igual que los profesores. Considerar la información o el conocimiento una propiedad a explotar me parece un giro perverso. ¿A quién pertenece la historia del arte? ¿De quién es el acta de un Pleno o una ordenanza de tráfico? El conocimiento es público, y no veo la manera en que ponerle coto y propietario pueda contribuir a hacer una sociedad libre.

Por cierto, llama la atención que pocos años después de escribir cosas como esta, que muestran su desconfianza en el Estado, su desconfianza en los pilares de las sociedades del bienestar europeas y que rebajan la Democracia a “tan sólo un sistema para limitar el poder del Estado”, Gómez estuviera no solo formando parte de ese sistema, sino cobrando de él (unos 90.000 euros anuales según el PSOE, unas cifras que no ha desmentido).

Pero volviendo al texto, en el que dice estar defendiendo la libertad. ¿La libertad de quién? ¿La del padre que decide que su hijo no debe hablar con musulmanes porque son una mala influencia? ¿La del colegio privado, que se ve obligado a competir con la educación pública? ¿La de las familias ultracatólicas que no quieren que sus hijos sean mancillados con ideas igualitarias en el cole? En el fondo, lo que está diciendo Jesús Gómez es que la libertad tiene dueño. Es blanco, heterosexual, católico y de clase alta. La libertad tiene dueño y se parece a Jesús Gómez.

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4 comentarios leave one →
  1. 19 octubre, 2010 11:30

    La libertad, y la sanidad, la educación, las pensiones y todo aquello con lo que puedan ganar dinero a espuertas expoliando al sector público, es decir, a todos.

    Un saludo.

  2. Serrón permalink
    19 octubre, 2010 20:36

    Me alegro de haberte conocido, por lo que escribes y por como lo haces.

    Dicen que Cossío invitó a Lorca a pasar una temporada en Tudanca (occidente cántabro) para ponerle a salvo de sus enemigos. Declinó la oferta.

    Si tú tienes que exiliarte, cuenta con el apoyo de los montañeses.

    Saludos,

    Serrón

  3. Aurea permalink
    19 octubre, 2010 22:11

    Querida Patricia, ese impresentable pertenece a los que se creen “elegidos”. Una especie de “raza superior”, nazis vaya. En maldad, desde luego que son insuperables. Desconocen la solidaridad. Y lo triste es que gobiernan en el mundo, de momento… Besitos.

Trackbacks

  1. Más fresca que nunca (y no va de compresas) «

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