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Usar o no testimonios para informar sobre violencia contra las mujeres

19 septiembre, 2012

Esta mañana en la jornada informativa convocada por Mujeres ante el Congreso ha surgido la cuestión del papel de los testimonios en la información sobre violencia de género. La periodista Nuria Varela, a quien por fin he podido conocer en persona después de seguir un tiempo por las redes, aseguraba que los testimonios jugaron su papel, pero que ya no sirven.

Sirvieron, en su momento, para poner cara a la violencia de género en ese proceso que han vivido los medios desde la “violencia doméstica” y el argumento de lo “pasional” al reconocimiento de un problema social con raíces profundas. Luego se los llevaron al espectáculo, se escribieron relatos que no pasaban de la anécdota… y perdieron su capacidad sensibilizadora.

Otro posible efecto no deseado del uso del testimonio es que puede servir para encajar invariablemente los reportajes sobre violencia de género en la sección de sociedad, escondiendo así la dimensión política y relegándolo a unas páginas que siempre van a aparecer en la segunda mitad del periódico.

Me ha parecido interesante la reflexión. También me ha hecho plantearme mi forma de relatar: en el reportaje sobre la reacción que ha habido en México ante la ley despenalizadora aprobada en el DF en 2007 (que espero que sea publicado por fin este mes), busqué testimonios, y son extremos: mujeres con condenas de entre 25 y 30 años, acusadas de un delito de homicidio en razón de parentesco por practicarse un aborto. En México, los casos de estas mujeres sirvieron para mostrar las consecuencias de unas leyes restrictivas que se ceban en las mujeres sin recursos. Así que a la cuestión de si sirven o no los testimonios, yo añado la de si sirven o no los testimonios extremos como gancho, como excusa, como ejemplo incontestable.

Cuando pienso en datos, me imagino una infografía. Pero no un relato.

Destaco un dato que me ha llamado la atención de la guía que la plataforma ha presentado esta mañana: con la ley de 1985, el 50’07 % de las mujeres que abortaban alegaban que el embarazo ponía en riesgo su salud; con la de 2010, el 48’26 % de las mujeres que pedían interrumpir su embarazo se acogían a su derecho a decidir libremente esa interrupción (que se permite hasta la semana 14). La similitud de las cifras me parece esclarecedora.

[Por cierto, el encuentro ha sido en utopic_us, un espacio de coworking que tiene muy buena pinta].

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